miércoles, diciembre 12, 2007

Un testimonio de solidaridad

El siguiente es un artículo que encontré en el sitio de Laicos Ignacionos (ver original). Me parece un testimonio auténtico y vital. Sin más, aquí va:


La Solidaridad es Hija de la Justicia

Soldado de la solidaridad

"CON LOS POBRES DE LA TIERRA YO QUIERO MI SUERTE ECHAR"


A los 26 años, Sebastián Bowen tiene todo claro. El pan, pan; el vino, vino.

Al poco de conversar, menciona que su amigo, el padre Felipe Berríos, siempre les recuerda que 'a nuestro jefe lo mataron'. El estudiante de sociología de la Universidad Católica parece no tener miedos. En una sala multiusos, burbujeante de jóvenes voluntarios que contactan a gente por teléfono, sirven café, sostienen reuniones, suben y bajan escaleras, Bowen está a sus anchas. A un costado del Infocap, un poco más allá de la oficina del capellán (mezcla de jungla amazónica, persa Bio Bío, paquetería después de un terremoto y La Tirana en 16 de julio: la palabra "atiborrada" sería muy discreta), se lo puede ver trabajar con ahínco en su Techo Para Chile.


Son casi 10 mil voluntarios, con la ambiciosa meta de erradicar la pobreza en los campamentos de Chile. Allí donde la pobreza es más dura, donde las políticas públicas fracasan. Es difícil salir de la pobreza de los campamentos, pero para Bowen hay algo más difícil.



- "Primero entrará un camello por el ojo de una aguja, que un rico en el reino de los cielos". El propio Jesucristo se acerca, se arrodilla para acariciar y sanar a pobres y leprosos, y por el otro lado desafía a los poderosos, a los sumos sacerdotes que tenían una religión basada en las formas y a los ricos. ¿Cómo ves tú ser pobre y ser rico? ¿Basta querer que la sociedad sea más justa?


"Lo que plantea Jesús es una opción radical. Jesús plantea que sin el pobre o sin ser pobre no hay salvación. Y yo creo que el tiene razón. El sentido del cristianismo es concebir la vida en completo servicio hacia la pobreza, ser un completo servidor en vivir confiando en que Cristo esta al lado de los pobres y tú transformarte en pobre para que Cristo esté a tu lado. Y esa es una concepción radical, es completamente opuesta a que tú seas un rico".


"Yo creo que la vivo día a día tratando de estar al servicio de la pobreza. Eso no es solo al servicio de los prójimos marginados, sino también a que uno pueda vivir la pobreza. La pobreza es una virtud, lo es la sencillez, la austeridad, la confianza en lo que Jesús te va deparando".


HAY ALGO RARO EN ESTA SOCIEDAD

Este es un tema crucial para este joven nacido bajo el signo cáncer, que disfruta con la serie de Fox "24" (sobre la ruda lucha antiterrorista de agentes federales gringos) pero goza mucho más con el poder hipnótico del mar. El asunto de rico/pobre –como todo- se lo toma personal.


"Hoy es heavy lo que te pasa, como joven profesional. Llego y en un momento tengo para comprarme un auto y me lo compro, y de repente con 300 lucas alcanzo a vivir en un mes, pero me doy cuenta que al cabo de tres meses ya no me alcanza y gano 400 lucas y quiero cambiar un auto un poquito mejor y a los pocos meses ya estoy corto de nuevo… y veo a mis viejos que deben estar en tres millones también están cortos, con su casa de dos pisos en Providencia entonces… ¡Hay algo raro en esta h…! ¡¿Cómo puede ser que esté igual de 'corto' el que está con un buen sueldo, que el que gana 100 lucas en un campamento, todos aproblemados con las deudas. Hay una cuestión rara en la sociedad".


- El voto de pobreza de los jesuitas no significa que no tengan nada, porque los bienes son de la comunidad, son muchos bienes puestos al servicio. Hay un empresario que tiene millones porque dice que eso le sirve para servir a los pobres. ¿Cómo lo encuentras tú?


"Claro, es la visión de acceder a lo estratégicamente poderoso para desde ahí servir mejor…es una visión que se puede tener, que es totalmente valida y hasta loable… es una visión tentadora. Pero ahí la visión del mal espíritu aparece con todas sus luces (el poder, el dinero, "pondré las naciones a tus pies"). Pero es clave ahí la palabra convicción. Cuando tú tienes la convicción de que quieres dedicarle toda tu vida a trabajar por la pobreza que existe hoy, y tienes esa convicción clara, dan lo mismo las vueltas que te des. Puede que un día te toque ser rico y que eso te sirva para algo importante. Pero lo que yo veo es que hoy las convicciones son tan fútiles, tan livianas, que es muy fácil que ese camino tú lo estés amoldando para tu comodidad y así se te olvida la convicción de la que partiste".

Esa es la diferencia entre ignaciano y ex alumno de colegio jesuita, según Bowen. Están los ignacianos de "doctrina", como los llama, y los otros. Ese alto sentido de pertenencia y mística también lo ha visto en otros colegios, en otros grupos. Pero su visión no es la de un grupo apartado, aunque dice que la iglesia de hoy –sus instituciones, sus jerarquías- son poco vitales y bastante excluyentes.


"Distinto es la forma de vivir la fe de los ignacianos como la vivió San Ignacio. Antes de ignacianos tenemos que ser iglesia, eso es claro para mí. En el momento que alguien que dice que es jesuita antes que católico, es el peor jesuita qua hay. El voto de obediencia jesuita lo que plantea es que hay que ser institución antes que mi grupito, soy parte de la institución, me comprometo con la institución. Eso vale para todos los que se dicen ignacianos".


- Pero los espacios como Un Techo Para Chile son una especie de refugio para los rebeldes, porque el mundo de 'lo católico', decías tú mismo, se ha ido secando como una pasa…



"No, porque una cosa es un espacio de refugio y otra distinta un espacio de trinchera. En un espacio de trinchera uno reconoce los problemas y propone soluciones desde la iglesia, porque ahí está mi corazón antes que en los jesuitas. Poner a los jesuitas o el ignacianismo por sobre la iglesia es caer en un error, es caer en un error de soberbia".


SOLIDARIDAD PARA CAMBIAR EL MUNDO

Claro que lo rebelde lo trae –dice Bowen- de su papá arquitecto "artista-poeta" de la Católica de Valparaíso, y la inquietud por enseñar a otros también de su mamá, la profesora antofagastina. Salió del colegio San Ignacio El Bosque (en torno al cual circulaba todo el clan Bowen), con el fin del milenio. Hoy se da cuenta que los jesuitas le infirieron una herida indeleble, una cicatriz que porta con orgullo. Tenía 16 años cuando los jesuitas lo sacaron de Providencia para llevarlo a vivir por una semana la vida del obrero.


"Es lejos la experiencia que más me marcó del colegio, trabajos de fábrica. Me tocó donde se hicieron las mediaguas que construyeron por primera vez en Un Techo para Chile, mira la coincidencia. En la fábrica donde trabajaba yo agarraba un pedazo de madera y lo pasaba por una máquina y salía la plancha para los paneles de las mediaguas y esas mismas mediaguas las comparaba Un Techo Para Chile y las construía en Curanilahue".


"Yo vivía en Providencia y me tocó ir a trabajar a allá, a la casa de una familia, de clase media pobre de un carácter muy cristiano y me tocaba tomar la micro achoclonada. La casa de la familia estaba en San Pablo con Matucana y la fábrica quedaba en donde queda la fundación de viviendas del Hogar de Cristo. A mi me tocaba trabajar con obreros que llevaban años haciendo esto. Todo el día metido en eso. Uno creía que había pasado 8 horas y habían pasado dos, era un suplicio. Ahí pude comprender un poco la vida de un obrero. La vocación es darte cuenta de lo que tienes que hacer, porque te tocó hacerlo y querer lo que tienes que hacer. La vocación del obrero es ser feliz porque tú quieres lo que haces, no es ser feliz porque tú haces lo que quieres, que es como muchas veces nosotros entendemos como el concepto vocación".


"Ahí me di cuenta que la dignidad que ese obrero le traspasaba a ese palo al pasarlo por la máquina durante 8 años de su vida, durante 8 horas diarias, durante toda su vida. Era vocación, ese trabajo era su vocación. El decía 'hago esto por mi familia, por la sociedad', y esa era la fuerza que lo mantenía haciendo una rutina constante. Y nosotros nos damos mil vueltas, 'no me gusta este trabajo' y me cambio, cuando no quiero hacer algo digo que no tiene que ver con mis sueños y mis ideales… ¡Y uno tiene que hacer lo que tiene que hacer no más y darle dignidad a eso!"


- Sobre la injusticia que atraviesa a Chile y la solidaridad como un valor que Chile necesita desplegar para sanarse. ¿Cuál es la novedad?



"La solidaridad es hija de la justicia y hermana lejana de la caridad. Estamos hoy un momento crucial sobre el concepto de la solidaridad. Puede ir hacia un lado o hacia el otro. Hoy se está yendo hacia el lado de la beneficencia, 'doy lo que me sobra', las monedas del vuelto. Y a mi juicio solidaridad es un concepto mucho más profundo".


"El Padre Hurtado decía que la solidaridad es la sangre que corre por el cuerpo místico de Cristo y él se refería con eso a la sociedad, incluso a los que no eran católicos. La sangre corre por las venas, lo que hace que esta cuestión se una. Es esencialmente ignaciano. Estoy convencido que el concepto de solidaridad lo vivió profundamente Alberto Hurtado, como una forma de traer a hoy día los conceptos aplicados por San Ignacio. Va totalmente con el concepto de servicio que plantea San Ignacio de soldado, de entregarse a la voluntad de Cristo, como tu rey. La solidaridad es un punto crucial y en este momento la estamos peleando si se va al lado de la beneficencia o es algo efectivo para producir políticas públicas, para producir un país integrado, para lograr la justicia. Por eso la solidaridad es hija de la justicia".


"La solidaridad es no rechazar un campamento al lado de mi casa".

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